
Cazorla de nuevo. Nuestros viajes más provechosos siempre son allí. Es un lugar con una magia especial, asombroso si eres capaz de alejarte de las excursiones más trilladas y dejarte sorprender por todo lo que la sierra contiene. La mítica Bética, escenario del pulso entre cartagineses y romanos durante siglos. La expoliada Cazorla, regenerada después por la afición a la caza de unos pocos señoritos. Siempre magnífica, Cazorla pervivirá cuando el hombre sea un olvidado recuerdo en la memoria planetaria. En esta ocasión, comenzamos el camino por el Barranco del Garbanzal, en tierras de Quesada, límite meridional del Parque. Abruptos aunque abiertos barrancos y cimas panorámicas de gran belleza.

Este recorrido visita consecutivamente tres barrancos importantes, dando la vuelta a la población de Quesada. Pronto el recorrido te muestra impresionantes cortados y “volaeros” donde los buitres son el indiscutible protagonista. Nunca hemos visto estas aves tan nítidamente como en este lugar, sobre todo en las murallas rocosas del final de la excursión. No nos precipitemos. Primero la aventura del Patito con unas jabalinas y sus rayones. Con el viento de cara y ocultos por un bosquecillo de pinos, pudimos ver detenidamente una pequeña tropilla de gorrinos. El Patito muy contenta con sus prismáticos al acecho y yo con la cámara haciendo lo que podía. Este encuentro cambió el día y convirtió la excursión en algo excitante. Debo decir que al Patito los animales pequeños la vuelven loca.

El recorrido va ganando interés por los roquedos y los constantes avistamientos de buitres a muy baja altura, intentando coger las térmicas para elevarse hacia los campos andaluces buscando alimento. Las vistas son sobrecogedoras y los desfiladeros por los que cruzamos, tremendos. El bosque se alterna con pequeñas navas verdes con la hierba primaveral. No vemos hervívoros en todo el recorrido. Subidas y bajadas constantes y todo para encontrarnos con arroyos y barrancos tan abiertos que más bien parecen circos glaciares del lejano Pirineos.

Tras ascender por una escarpada senda que discurre pegada a una pared de roca impresionante, llegamos al final de nuestro recorrido. Un pequeño puerto nos muestra una estupenda vista de la que disfrutamos unos momentos. No hemos comido todavía, así que iniciamos el descenso del puerto y el largo ascenso hasta el punto de partida de la excursión. Nos sentimos contentos al pensar que de regreso vamos a pasar por los mismos lugares que hemos visitado a la ida. Los buitres nos muestran el camino.
Para terminar, el animal protagonista de la excursión y la promesa de compartir este camino con quién ame y respete la naturaleza al menos tanto como nosotros.