Subiendo el Puerto del Tejo con el vampirote.
Este viaje del patito es especial. En otoño fuimos a Cazorla, para enseñarle a nuestro hijo Alejandro nuestro pequeño paraíso, nuestra burbuja de felicidad. Pasamos unos días fantásticos, y el bebé, que no tenía más de 7 u 8 meses, se portó como un campeón. Ya conoce el pato el Puerto del Tejo de sobra, pero ese día lluvioso todo cambió, porque llevábamos al vampirote con nosotros, llovía y nos preocupaba que se pudiera constipar. El patito y yo cargamos ahora mucho equipo para garantizar la comodidad del niño. Acarrear todo eso puede ser agotador, pero creo que merece la pena.
Ya sabemos de la dureza de las rampas iniciales desde el Parador, con tanlto peso, y con la lluvia... Optamos por acampar en los que nosotros llamamos Mirador del Parador. El patucho se puso algo nervioso, era una situación nueva y la percepción de amenaza por la lluvia fría, con el niño y todo eso complicó un poco todo y vivimos momentos tensos, pero cuando el patito se vió cobijada bajo la tienda de campaña, las cosas empezaron a cambiar. Otra crisis superada.
Una vez instalado el pato, yo quise salir a explorar un poco, a disfrutar de la humedad del bosque y ver si podía acechar a algún gamo, de los muchos que por esta zona pastan. No hubo suerte con lo del gamo, pero descubrí un sendero que salía justo detrás del lugar donde había plantado la tienda. Me decidí a seguirlo y comprobé que bajaba, zigzagueando en un bosque precioso, solitario, oscuro y mágico, como todo lo de por allí. La senda parece descender hasta La Iruela, pero eso tendré que comprobarlo más adelante, porque el patito y el vampirote estaban en la tienda y no me quise entretener mucho.
Regresé sobre mis pasos y le anuncié al patito mi descubrimiento. Como era de esperar se puso muy contenta (al pato le gustan las sendas en el bosque)y el brillo ilusionado de sus ojillos me aconsejaron que prácticamente la echara de la tienda para que ella pudiera seguir la senda, al menos un poco de tiempo. Fué entonces cuando ella se "enterró en su propia tontería" y para explicar ésto, tendría que reservar mucho más sitio en el Blog. En fin... ya lo contará ella algún día. Más o menos, éste es el sitio donde el pato se enterró en su propia tontería...
Sólo puntualizar que regresó presa del miedo, temblando y con la uñas llenas de tierra. Yo flipaba y el vampirote también. Hicimos la comida (ahora llevamos un práctico hornillo de gas para calentar el potito y ¡qué narices!, también gustosos botes de fabada!!!. El día era brumoso, precioso, húmedo y además tuvimos suerte, ya que al avanzar el día, la niebla comenzó a dispersarse en girones permitiéndonos disfrutar de vistas preciosas. Nos faltó tiempo para sacar al vampirote de la tienda y enseñarle el mar de nubes sobre La Iruela.
Aún esperábamos que el tiempo empeorara tras ese pequeño respiro, así que empezamos el camino de regreso al coche, que dejamos en el Parador. Nuestras pilas están recargadas. Cazorla nos ha llenado como siempre hace. Ahora el vampirote comparte con nosotros eso también. Mostraré, finalmente, que una madre puede parecer una tortuga ninja sólo para proporcionar la seguridad de una tienda de campaña a su hijo pequeño. El patito es una madre excelente.


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