Mis viajes con el Patito

Wednesday, April 21, 2010

Por los senderos de Ayna.

Los padres sólo son la pista de aterrizaje y despegue de los hijos, pero cuando tu hijo tiene un año, además te conviertes en una mula de carga. Debes plantearte ponerte en forma si quieres mantener un poquito las salidas por el campo. Mi preparación consiste en pesas y bici de montaña. Después le saco partido de ésta forma.










Ayna ha sido llamada la "Suiza manchega", ya que está enclavada en un entorno precioso, una especie de olla de piedra que eleva sus aristas entre los pinos. El pueblo descansa, alargando sus calles estrechas en la ladera de un cantil que mira al río Mundo.

Los senderos está ahora bien marcados, aunque adolecen de falta de información sobre las distancias, los desniveles y demás. Sin mapas ni conocimiento del terreno, puedes encontrarte con desniveles importantes que conviertan tu agradable paseo en un reto físico y psicológico. Ayna siempre sorprende y siempre resulta duro. Por eso es el pueblo preferido por los montañeros de la provincia.

La excursión comienza en la parte más baja del pueblo. Atravesamos un puente viejo sobre el río que tuvo que estar muy, pero que muy crecido este invierno y nos encontramos con el primer sendero que pronto se desvía. Seguiremos en ésta ocasión el camino de la Umbría, que ya no dejará de subir, en su primer tramo primorosamente empedrado. En tiempos debió de ser un camino de carreteros con bastante uso. Aún se conserva en buen estado, con sus traviesas de piedra para evitar que los carros rodaran pendiente abajo si las mulas se atascaban.


Sube que te sube, Alejandro se duerme profundamente y eso facilita las cosas, porque pronto, la senda se vuelve intransitable para el carrito y hay que cargar a pulso carro, equipo y niño. Poco a poco vamos cogiendo altura y las panorámicas que se ofrecen son cada vez más bonitas.












Idolina acarrea también bastante equipo... ¿Quién ha visto a un patito cargado como una mula?. Es una madre dura, aunque quizás se pregunta porqué no habré elegido un camino más fácil. La mañana se hace larga.












Llegamos a un antiquísimo canal que aporta probablemente agua a las fértiles huertas de Ayna, a la vera del río Mundo. Lo cruzamos por un puente con pretil y continuamos ascendiendo. Me falta el aliento y el trabajo de gimnasio ya no sirve para nada. El niño sigue durmiendo. Bendito.











































En fin. Continuamos la ascensión, pero la dureza de la senda me obliga a dejar parte del equipo abajo, subir al niño y bajar a por el resto para regresar de nuevo. Sé que pronto tendremos que parar.













Finalmente, paramos a bastante altura, plantamos la tienda para cobijar a Alejandro, que ya ha despertado y preparamos la comida con el hornillo. Cuando desmontamos, reparo en una cosa curiosa: en Ayna hay orquídeas. Sabía que en España hay varias especies, pero nunca había tenido la oportunidad de fotografiar ninguna.








Durante el descenso, el patito tira del carro y yo acarreo el equipo y al niño en la mochila porta - bebés, que tan bien se porta con nosotros y que tanta autonomía nos ha dado. Pronto tendremos que prescindir del carrito para las siestas del "boniato" y es algo que Ayna me ha dejado claro. Demasiado equipo.









La primavera se abre paso y toda la zona de la vega del río es un vergel húmedo y cálido.















Parecemos chamarileros con tanto equipo, pero es innegable que Alejandro está en la gloria. Llegamos sorprendentemente pronto abajo, el niño se duerme y lo metemos en el carro, mientras disfrutamos por la vega del río de un agradable paseo.












Ayna nos ha mostrado su dura piel y su vientre fértil. Yo he descubierto que, si quiero disfrutar del campo con mi mujer y mi hijo y sobrevivir a ello, debo recortar el equipo que transportamos.












Ayna de nuevo nos ha sorprendido con sus contrastes. Está cerca de Albacete, así que espero que podamos disfrutar conociéndo a ésta vieja señora que te muestra su antigua belleza sólo si estás dispuesto a sudar antes un poquito.















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