El desconocido rincón del Prao.

Los viajes pueden ser largos, pausados, durante mucho tiempo preparados, con destino en sitios remotos especialmente bellos; o cortos, acelerados, imprevistos y, después de todo mágicos. Este viaje del patito duró exactamente dos horas, pero resultó maravilloso porque descubrimos una Peñarrubia inédita, una zona al lado de la excursión más popular y manida de todas (la subida a La Piedra) totalmente desconocida para nosotros.



Nunca hubiera imaginado que quedaran todavía sitios ocultos y perspectivas inéditas para nosotros en este lugar tan trillado, pero el día amenazaba lluvia y yo quería sacar fotos de La Sala con las “chorraeras” del agua. Además quería compañía, así que obligué al patito a salir al exterior bajo un paraguas y nos encaminamos hacia El Prao.

Cuando llegamos a la última fuente del Prao, el patito, a quien no le gusta nada que le llueva, renuncié a subir a la Sala, pero tampoco quería bajar todavía, así que tomamos otro camino: un sendero casi perdido que transcurre por la base de La Piedra.

Pronto empezamos a descubrir un pequeño rincón encantador y muy recogido repleto de bellas vistas, oquedades, apriscos, un original corral con una sorprendente covacha en su interior e incluso algo parecido a una calzada romana.



Una cara desconocida de La Piedra, el paraje más conocido de Peñarrubia, el pueblo natal de mi padre y el patio de juegos de mi niñez, que ahora comparto con el patito.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home