Mis viajes con el Patito

Monday, March 29, 2010



Desde la Umbría, mirando al embalse de la Fuensanta.

Es una buena forma de volver. Con un milagro. El embalse de mi infancia, de mi adolescencia, de mi adultez; siempre marcando el ritmo con los baños apresurados del verano, con la decepción de verlo seco año tras año, con el sueño ya deteriorado de una imagen vieja grabada en la retina infantil: el pantano lleno. Tengo casi 40 años y recuerdo haberlo visto lleno cuando contaba con no más de 3 años. Ahora es mi hijo el que lo contempla lleno, en toda su belleza, y aunque su mente de bebé no pueda recordarlo más adelante, estoy convencido de que su alma sí sabrá atesorar la experiencia. Mirad qué preciosidad.

No sé cuánto tiempo durará, ya que la Fuensanta es un embalse de cabecera que siempre he visto casi seco. Por eso es el momento de disfrutar de este viaje del patito que transcurre por la umbría de pinos que puede contemplarse frente a la presa, en la ribera opuesta del embalse. Podemos dejar el coche en la misma presa y subir por la carretera en dirección a Juan Quiles. Podremos gozar de perspectivas de toda la cuenca, sobre todo al girar en una curva donde, por cierto, hay un precioso mirador no señalizado donde podéis sacar fotografías estupendas, diferentes a cada momento del día, ya que el sol juega con la bruma de la humedad del embalse. En este punto, descubrimos un día al excelente fotógrafo naturalista Antonio Manzanares tomando una fotografía que luego vimos publicada muy parecida a ésta, obtenida en el mismo sitio.




El objetivo de la excursión es recorrer una pista forestal en buen estado que discurre por la espesa selva de pinos que se aprecia en la primera fotografía, ahora muy cerca de la orilla del agua. Pronto descubriremos un camino cortado con una cadena que sale a mano derecha y que deberemos coger para no dejarlo ya en todo el recorrido. Hay que tener en cuenta que toda esta zona es una finca privada. Comenzamos con una bajada de pendiente considerable si llevas, como hacemos, un carrito de bebé. El patito saluda cerca del agua, ahora tan próxima al camino.



Puede apreciarse detrás del patito la presa y la casa dela presa (cercano el aliviadero. Estamos justo enfrente de la presa, entre pinos. Continuamos el camino que transcurre encajonado entre farallones de piedras rubias y pinos a un lado y la preciosa masa de agua azul intenso al otro lado. Nuestro recorrido nos regala panorámicas de rotunda belleza como éstas.





El camino va subiendo y bajando acumulando un desnivel considerable. Además, empujando el carrito y acarreando la mochila puede hacerse agotador. pero el patito ya no anda sola. Siempre va con un vampirote que de vez en cuando pide "tete" y ya sabes... En fin. Poco a poco se va completando, ahora mucho antes que cuando el pantano estaba seco, ya que en una hora más o menos, llegamos al final. El patito se espera dando de mamar al vampirote y yo continúo cien metros hasta la orilla del agua.



La sensación de estar en un sitio remoto, alejado de todo el bullicio de lo cotidiano, en un entorno primario, te hace ser aún más consciente de las fuerzas que la naturaleza pone en juego. Dios se manifiesta en cada recodo, en cada árbol, en cada risco. Imágenes se suceden con la banda sonora libre de derechos de autor del agua lamiendo la orilla, paciente, calma. Estas cosas pueden verse al final del camino de la Umbría.





La maldición del caminante radica en que en algún momento debe regresar, así que salimos de este pequeño paraíso temporal y frágil. El regreso es duro. Alejandro ha decidido que va a llorar todo el camino de vuelta y casi lo consigue. Deshacemos lo andado aguantando como sólo los padres saben hacer, el chaparrón de gemidos, quejidos, llantos y gritos. Se hace tarde y el vampirote sólo tiene un año. No sabe lo que es la paciencia y llora hasta que el sueño lo vence un poco antes de alcanzar de nuevo la carretera. Estoy agotado y el patito también. El regreso nos dejará una imagen imborrable del Pantano de la Fuensanta que comparto como epílogo de este estupendo viaje del patito.

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