Mis viajes con el Patito

Tuesday, September 26, 2006


Primera berrea en Cazorla

Siempre que preparamos un viaje a Cazorla, sentimos una sensación de urgencia por estar allí cuanto antes, y cuando nos tenemos que volver, dejando los bosques, arroyos y animales atrás, nos llena una tristeza ligera pero profunda. La vida tiene mucho más sentido en el bosque, cuando podemos ver y observar el desarrollo de otra forma de existir, la magia del mundo al margen del ser humano. Ésta vez el patito es conducido hasta el Parador Nacional “El Adelantado”. Copiosos desayunos, habitaciones cómodas y situado en medio de todo lo importante de Cazorla: bosques y animales.

Nunca había visto al patito tan feliz y al llegar por la tarde, dejamos las maletas y comenzamos a subir al Puerto del Tejo sin llegar a ver ningún herbívoro de esos que le gustan al pato. Continuamos por el camino de la Loma de los Castellones, disfrutando la tremenda vista del pueblo de Cazorla desde una altura increíble y al bajar (porque se hacía tarde y el patito se asustaba), Cazorla nos regaló un estupendo atardecer en el Puerto del Tejo, antes de bajar por el camino al Parador.

Cuando bajábamos, el patito comenzó a escuchar los bramidos de los ciervos, y en especial el de un macho muy grande que localizó con sus prismáticos, en un claro cerca del cortafuegos, muy próximo al Parador. Lo bautizamos como “gazpachón”. Esa noche pudimos dormir entre los sonidos fantasmales de los bramidos distorsionados por el espacio y la noche plácida, a pesar de un catarro que casi me deja en la cama.


Por la mañana disfrutamos de un desayuno digno de un pato y con nuestras mochilas, prismáticos patales y cámara de fotos nos encaminamos por un camino – que no conocíamos - que baja del Parador hacia el camino del Nacimiento del Guadalquivir. Casi de inmediato empezamos a ver animales y escuchábamos un gran macho de ciervo muy cerca. Precioso ese camino deslizándose entre el bosque hasta el fondo del valle del Guadalquivir desde la altura del Parador. Pudimos sorprender a un macho de gamo antes de llegar a un desvío que se alejaba del itinerario principal en dirección al Castellón de los Ciervos en una dura subida que culminaba en la divisoria. Seguimos un rato esa senda por la cuerda hasta comprobar que regresaba a la carretera del Parador. Bajamos de nuevo y seguimos hasta el empalme del fondo del Valle con el camino del nacimiento del Guadalquivir, en las puertas ya de la Sierra del Pozo. El patito aguantaba, así que volvimos a subir 500 metros y continuamos por un “atajo” que nos dejaría en el camino que conduce al Puerto del Tejo por la Cuerda de la Lagunilla. Subida muy dura y patito jadeante, todo el tiempo al borde de un barranco.

Por fin alcanzamos el empalme con el camino marcado con un pino seco, los ciervos hacía rato que se habían callado y el bosque estaba silencioso, cuando hacía calor sudábamos y cuando se ocultaba tras las nubes nos daba frío, así que estábamos todo el rato quita y pon con el forro polar. El pato – ya cansado – comenzó a transformarse en pato que raja, pero lo cierto es que ya habíamos hecho mucho. Aún así, bajamos otra vez al camino del nacimiento y volvimos a subir, desorientados buscando las navas del camino de la Lagunilla, que habían quedado arriba. Por fin llegamos a las preciosas navas, en las que esperábamos ver ciervos, cosa que no vimos, y continuamos hacia el Puerto del Tejo, donde comimos ya tarde una tripa entera de salchichón. Por la tarde, ya relajados, continuamos bajando hacia el Parador, haciendo otro esfuerzo desviándonos hacia un mirador que hay si coges un carril de tierra que nadie usa. Allí pudimos ver fugazmente algunos gamos, acechando desde unos matorrales en alto. El pato estaba muy cansado, mucho. Aún así, y con lágrimas en los ojos, pudimos subir por el empinado cortafuegos del Parador para sorprender a “gazpachón”, escoltado por una tropilla de gamos sorprendidos por nuestra presencia en ese lugar. Casi lo conseguimos y a unos diez metros, salió corriendo tras asustarnos con sus bramidos de bestia magnífica. El rey del bosque salió corriendo y, aunque sólo pudimos verlo huyendo despacio a lo lejos, nos dimos cuenta de lo enorme y majestuoso que era. Acabó el día y el pato estaba exultante tras su excursión más dura hasta el momento.

El domingo fue un día de despedida, vimos animales y disfrutamos de un paseo repitiendo la bajada al fondo del valle – hay que ver que camino más bonito – Los ciervos habían callado, como despidiéndose de nosotros. Nos subimos al coche y soportamos las tres horas de vuelta a este llano liso y casi despojado de vida. Siempre Cazorla. Agradecemos a Dios que haya cuidado este verano de su paraíso.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home