Nieve y cielo sobre Caneján

El cordal de Caneján es una de las excursiones más accesibles y encantadoras que uno puede hacer en el Valle de Arán. El Valle de Arán es un pequeño paraíso cada vez más urbanizado y amenazado al que la gente suele ir para ignorarlo y dedicarse a esquiar en las pistas de Vaqueira – Beret. Si eres capaz de pasar de esquí y dedicarte a patear las innumerables pistas que el lugar ofrece entre neveros, glaciares, avalanchas de nieve caídas y prados blancos. Caneján es un pueblo iluminado por el sol en un valle oscuro, mágico y profundo y esta ruta con el Patito se la debemos a mi hermano, que vive allí, encadenado a la hermosura de un valle mágico, encerrado en la bola de cristal de un cuento de hadas. Él diría que es una excursión facilita, aunque lo cierto es que hay que salvar un desnivel pronunciado desde Les, que es el pueblo más norteño del Valle y que está en el fondo del valle.
Un camino transitado y en parte asfaltado llamado La Lana nos acerca subiendo entre robles y hayas a Caneján. El bosque aquí es cerrado, caduco y húmedo. El camino pronto se convierte en sendero. Uno va viendo pequeñas bordas (casas típicas) diseminadas aquí y allá, a veces en sitios de increíble belleza paisajística, ya sin techado y con los sillares y piedras integrándose en el fértil suelo. Les se va quedando abajo lentamente y las nubes forman un extraño falso suelo al quedarse en el fondo del valle mientras subimos. Precioso. La luz incide en las preciosas casas de Caneján, en los techos de pizarra y en las chimeneas.Pronto se abandona el pueblo de Caneján, dejándolo abajo y se continúa la ascensión por una senda cada vez más empinada que acaba. Continuamos siguiendo la orientación, hacia el cordal, hacia el cielo azul. Los pueblos del valle quedan abajo y ahora son visibles Caneján, Les y más lejos, al fondo del valle Bossos. Entramos en un bosque alpino muy en pendiente y comenzamos a ver excrementos de ciervo. Al parecer hay muchos por aquí y de hecho, veremos dos en la cima del cordal, tan alejados que sólo pudo verlos con claridad el Patito, con sus prismáticos que lleva a todas partes. Todo el ambiente es silencioso y caminamos entre la nieve que ya nos cubre los tobillos. Ahora nos desplazamos con mayor dificultad.
Tras salir del bosque, nos integramos en el inicio del cordal, que es ascendente hasta su altura más elevada. Me siento lleno de paz y creo que no he estado en un sitio tan cercano al cielo en mi vida. No es muy alto, no es muy difícil, pero es precioso. Me rezago para poder tomar las fotos de mi hermano y el Patito caminando juntos. Creo que el patito es muy feliz: le encanta la nieve y esta nieve no es muy difícil. El paisaje es soberbio y el valle ya no es lo importante. Lo principal es la forma en que la nieve del cordal, que ya nos llega a las rodillas y hace difícil el avance. Nieve muy suave, pero helada en su superficie. Comienza a hacer frío, que se hace sentir cuando sopla el aire y me paro a tomar fotos.
Finalmente llegamos a la cima del cordal. El Patito corona con todos los honores y podemos disfrutar unos momentos de la visión de este sitio tan increíble durante unos minutos hasta que el frío nos obliga a bajar. La bajada, como todas, es más llevadera, pero los tres sabemos que el momento que hemos pasado juntos subiendo el Cordal de Caneján nos acompañará siempre. Gracias Hermano.


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